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El reino sin fin

Faltan 15 días para celebrar la Navidad, con nuestro enfoque en su verdadera razón: el nacimiento de Jesús.


Estamos acostumbrados a estudiar la vida de Jesús desde su nacimiento hasta su ministerio, muerte y resurrección. Pero una vez que comprendemos que todo siempre ha existido por y para Él, comenzamos a verlo desde la creación y hasta la eternidad.


Hoy nos encontramos en el reinado de David, cientos de años antes de Cristo. David tiene el deseo inocente en su corazón de construir un templo físico en donde pudiese habitar la presencia del Señor. Pero Dios, en amor, le corrige esta idea y le da un mensaje a través del profeta Samuel, diciéndole que no es su tarea construirle este templo, sino tarea de su sucesor.


“Pero aquella misma noche la palabra del Señor vino a Natán y le dijo: «Ve y dile a mi siervo David que así dice el Señor: “¿Serás tú acaso quien me construya una casa para que yo la habite? desde el día en que nombré líderes sobre mi pueblo Israel. »”Pero ahora el Señor te hace saber que será él quien te construya una casa. Cuando tu vida llegue a su fin y vayas a descansar entre tus antepasados, yo pondré en el trono a uno de tus propios descendientes y afirmaré su reino. Será él quien construya una casa en honor de mi Nombre y yo afirmaré el trono de su reino para siempre.” 2 Samuel‬ ‭7‬:‭4‬-‭5‬, ‭11‬-‭13‬ ‭NVI‬‬

David llega con la intención de construir un templo, y Dios en su amor le da una promesa eterna.


Entonces, ¿dónde entra Cristo?


En primer lugar, Él siempre ha estado. Pero en este momento de la historia, Dios anuncia a Cristo mediante esta promesa dada a David.


En este pasaje Dios declara que un descendiente de David es el que va a establecer un reinado que no tendrá fin, promete a un rey eterno. Y sabemos que el único reino que no tiene fin es el de Dios mismo, por lo cual este descendiente tiene que ser enviado del reino de Dios, no puede ser una persona. Así que entendemos que este Rey futuro, que tendrá un reinado eterno, solo puede ser Jesús.


Ahora bien, esta promesa de Dios se cumple en dos partes:

  • El rey Salomón (hijo de David y sucesor del trono) que es quien se encarga de construir el templo físico en donde la presencia de Dios habitaría.

  • Y en Jesucristo (descendiente del linaje de David) que es quien se convierte en este templo que ahora conecta el cielo y la tierra, permitiendo libre acceso a la presencia de Dios, y estableciendo Su reino para siempre.


Y estos cumplimientos los vemos en diferentes versículos más adelante:


“Salomón comenzó a construir el templo del Señor en el cuarto año de su reinado en Israel, en el mes de zif, que es el mes segundo. Habían transcurrido cuatrocientos ochenta años desde que los israelitas salieron de Egipto 1 Reyes‬ ‭6‬:‭1‬ ‭NVI‬‬

“Él será un gran hombre y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David Lucas‬ ‭1‬:‭32‬ ‭NVI‬‬


Así que una vez más podemos ver a Jesús siendo anunciado a través de toda la historia. Como esa respuesta al rescate que Dios quiere ofrecer a la humanidad, a su creación.


Si quieres seguir aprendiendo a ver a Cristo en las escrituras, únete a nuestra comunidad en redes sociales. Nos vemos en el próximo blog. 🙌🏻



 
 
 

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